Del uso simple de la leche más allá de cinco mil años antes de Cristo a nuestros días donde la fortificación alimentaria puede ser utilizada como herramienta de salud pública.
Una alimentación normal completa, armónica y adecuada nos permite satisfacer los requerimientos nutricionales en las distintas etapas de la vida siendo suficiente para cubrir las necesidades energéticas y proporcionar los nutrientes necesarios para que ésta sea saludable.
Existen situaciones en las cuales la ingesta de nutrientes no alcanza para satisfacer los requerimientos sugeridos para las distintas poblaciones. En estos casos, el agregado de micronutrientes a distintos alimentos en forma adecuada podría prevenir o corregir alguna deficiencia, optimizando la ingesta de micronutrientes y promoviendo así la reducción del riesgo de contraer enfermedades crónicas, apuntando al bienestar general.
Entre las deficiencias nutricionales que afectan a la población a escala mundial, con mayor incidencia en los países en vías de desarrollo, encontramos primeramente la deficiencia de hierro cuyos efectos sobre la salud dependen de la magnitud de la misma. Afecta al 30% de la población en general. La incidencia va desde el 10% en países desarrollados, aumentando a 40% en los países en vías de desarrollo, alcanzando un 80% en poblaciones infantiles de América Latina.
Esta deficiencia, que conduce a la utilización de los depósitos de hierro y depleción progresiva puede provocar incremento de nacimientos prematuros, aumento de la mortalidad materna y fetal y disminución del desarrollo intelectual y psicomotor. Los principales grupos de riesgo corresponden a poblaciones con un inadecuado consumo y/o asimilación de hierro asociado generalmente a un aumento en la demanda. A estos grupos pertenecen principalmente los lactantes, niños, adolescentes y mujeres en edad reproductiva.
Independientemente de las tragedias personal y social causadas por esta deficiencia, los datos arrojados por el Banco Mundial indican que las pérdidas por malnutrición representan en incapacidades y muerte un costo del 5% del producto bruto interno (PBI). La solución, implementando estrategias adecuadas como la fortificación alimentaria, tiene un costo económico inferior al 0.5% del PBI representando una relación costo-beneficio cercana a 20.
Las vías de solución y prevención a este problema nutricional con mejor relación costo-efectividad han sido la fortificación alimentaria y la suplementación farmacológica con los micronutrientes deficitarios. La ventaja fundamental que posee la fortificación alimentaria es que la población afectada por la deficiencia de uno o varios micronutrientes incorpora la cantidad adicional del mismo a través de la dieta que habitualmente está acostumbrada a ingerir sin modificar sus costumbres alimentarias. Es importante utilizar la fortificación como un método preventivo para combatir la deficiencia ya que las cantidades del compuesto para la fortificación son generalmente una fracción de los requerimientos diarios comprendidos en la porción de alimento por tal motivo éste procedimiento debe ser considerado como estrategia a mediano y largo plazo.
Otro micronutriente cuyo consumo suele ser insuficiente en nuestro país es el Calcio. La adecuada ingesta de este mineral, aportado principalmente por la leche y derivados, es fundamental para el desarrollo del pico de masa ósea y para la mineralización.
La enfermedad más importante que puede ocasionarse por consumo inadecuado o insuficiente es la “osteoporosis”, enfermedad sistémica que produce disminución de la masa ósea con una calidad de hueso pobre.
Investigaciones realizadas en nuestro país indican que los adolescentes entre 13 y 17 años muestran un consumo de Calcio menor al de los requerimientos establecidos por la FAO en un 88%.
Es fundamental recalcar la importancia de la ingesta adecuada de lácteos en la niñez y la adolescencia para el desarrollo del pico de masa ósea y prevenir así el riesgo de fracturas en la edad adulta.
En estudios realizados en mujeres después de la menopausia, la ingesta oscila entre 700 y 800 miligramos diarios cuando se aconseja 1000 a 1500, según la Federación Internacional de Osteoporosis. Su recomendación para mantener los huesos sanos sugiere medio litro de leche y dos yogures o el equivalente en quesos a medio litro de leche, teniendo en cuenta que a través de otros alimentos como vegetales y harinas se incorporan aproximadamente 400 miligramos.
Un aporte más…
La vitamina D contribuye al crecimiento y diferenciación celular, asegura la correcta absorción del Calcio y Fósforo necesarios para el mantenimiento de huesos, dientes, articulaciones y del sistema nervioso, aumentando la absorción de estos minerales en intestino y el recambio en los huesos.
El organismo es capaz de producirla mediante la absorción de los rayos ultravioletas, pero también es importante la ingestión por boca. Entre los alimentos recomendados para su incorporación contamos con la leche fortificada, aceites de hígado de pescado, y pescados como atún y salmón.
La carencia de vitamina D se manifiesta a través del raquitismo en niños y osteomalacia en adultos (reblandecimiento en huesos que origina deformaciones de miembros, columna, tórax y pelvis) que puede contribuir al desarrollo de la osteoporosis.
La Vitamina A es necesaria para el crecimiento y desarrollo del esqueleto, para el mantenimiento de las células de las mucosas, epitelios y el funcionamiento de todos los tejidos.
Posee acción esencial en los procesos inmunológicos previniendo infecciones respiratorias y cumple funciones en la reproducción normal.
La deficiencia se acompaña de queratinización de las mucosas que recubren las vías respiratorias, digestivas, urinarias, piel y epitelio de los ojos. La misma aumenta la probabilidad de sufrir dolencias en las articulaciones y puede producir ceguera crepuscular (disminución de la agudeza visual cuando oscurece).
La leche entera, crema, manteca y queso Cheddar son importantes fuentes de retinol (forma de vitamina A procedente del reino animal) como así también hígado, pescados grasos y yema de huevo.
Los lácteos son un excelente vehículo para la fortificación con micronutrientes carentes en la población.
Interpretando el papel clave que tiene la industria para el desarrollo de compuestos de fortificación, La Serenísima trabaja día a día para poner a disponibilidad del consumidor toda su tecnología, con el propósito de facilitar compuestos con elevada biodisponibilidad que no afecten ni el sabor ni las propiedades sensoriales de los alimentos, llevando a su producto primordial - la leche - a ser una mejor herramienta para una vida más saludable.
Referencias Bibliográficas
- Latham M, Colección FAO: Alimentación y nutrición N° 29: Nutrición Humana en el Mundo en Desarrollo, Roma 2002
- Boccio José. Fortificación de alimentos como estrategia para prevenir la deficiencia de hierro y zinc. Ventajas y desventajas desde el punto de vista nutricional y tecnológico.
- Pascual Mastellone. El mundo de la leche.
- Centro de la Industria Lechera Argentina. La leche como vehículo de fortificación. Los lácteos y el desayuno
- Redacción de La Nación por Sebastián Ríos. Falta calcio en la dieta de los argentinos.
- Uicich Raúl. Deficiencias ocultas.
