Luego del nacimiento del bebé, las primeras semanas para la mamá pueden ser excitantes y a veces agotadoras, pero de forma gradual, con paciencia y con los cuidados de los que la rodean, se irá recuperando. Con el tiempo la madre logrará una mejor adaptación a las nuevas tareas, que van a ser exigentes y demandantes pero también placenteras.
¿Qué es la lactancia materna?
La lactancia es la manera natural en que las madres alimentan a sus bebés. La leche materna es el mejor alimento para el recién nacido porque contiene elementos que no se encuentran en otras leches, tales como factores inmunológicos, células, anticuerpos, proteínas, grasas, minerales, vitaminas, agua, hormonas y por sobre todo es uno de los mayores actos de amor entre madre e hijo, y una forma más de continuar el estrecho vínculo creado durante los nueve meses de gestación. Es un período en el que tanto la mamá como su bebé podrán disfrutar.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), así como UNICEF y distintas instituciones dedicadas a la lactancia, coinciden con innumerables estudios médicos en que la leche materna es la mejor opción para alimentar al recién nacido en forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida del niño.
A partir de los seis meses se puede continuar con el amamantamiento durante el tiempo que la madre desee siempre junto con la introducción del resto de alimentos. Se recomienda incorporar otros alimentos en forma variada, ricos en energía y nutrientes, disponibles localmente y preparados en forma segura. De esa manera y complementando la lactancia materna, se satisfacen las necesidades nutricionales del bebé (OMS, 1992).
Más aún, la lactancia materna no es solamente la mejor forma de alimentar a nuestros bebés, sino que también es una forma adicional de brindarle al bebé amor y afecto. Las hormonas que produce el cuerpo cuando se amamanta relajan y dan una sensación de bienestar. Mientras se da el pecho, también se descansa, tiempo oportuno y necesario para recuperarse del parto.
El alimento ideal
La leche materna es el único alimento que satisface todas las necesidades nutricionales y emocionales del bebé hasta los seis meses de edad. Es el alimento perfecto porque proporciona todos los nutrientes que el niño necesita y en las proporciones exactas. Se digiere con gran facilidad y está perfectamente regulada de acuerdo con las necesidades nutricionales del pequeño. Esta adaptación de la oferta y la demanda tiene la ventaja de evitar la sobrealimentación, con lo que se reduce el riesgo de padecer obesidad en la edad adulta. Hay menos riesgo, asimismo, de sufrir el síndrome de muerte súbita infantil.
La importancia de la lactancia materna
Los niños amamantados tienen un crecimiento saludable porque presentan un sistema inmunológico más fuerte y son más sanos que los alimentados con sustitutos de la leche de madre. Se sabe que la leche materna protege al recién nacido frente a numerosas infecciones, sobre todo gastrointestinales. Su fórmula no es reproducible en lo que se refiere a las hormonas, anticuerpos, enzimas y células que la madre transmite a su hijo cuando lo amamanta. La leche materna presenta, además, un pH más ácido que, al parecer, reduce el riesgo de desarrollo de gérmenes patógenos en la flora intestinal; esto explica la menor incidencia de diarreas en pequeños que toman el pecho.
Beneficios de la lactancia materna
Para el niño
- Al amamantar se produce un vínculo afectivo que influye favorablemente en el desarrollo psicosocial y emocional del niño y de la madre. Hay estudios que muestran que los bebés prematuros tienen mejor evolución si son amamantados.
- La leche humana tiene siempre las proporciones correctas de calorías, grasa, carbohidratos, proteínas y demás nutrientes. Su composición nutricional va variando de acuerdo a las necesidades del niño.
- Los anticuerpos de la leche materna pasan al bebé durante la lactancia, lo cual es fundamental para desarrollar su sistema inmune. Un bebé amamantado está más protegido contra infecciones ambientales.
- Las investigaciones demuestran que la lactancia materna también ayuda a proteger al bebé frente a las alergias.
- Protege de enfermedades futuras: asma, obesidad, diabetes, colitis ulcerosa, Crohn, arterioesclerosis e infarto de miocardio.
- La leche materna favorece la eliminación más rápida del meconio (sustancia pegajosa color verde oscuro) que recubre el intestino del bebé durante la gestación y debe ser eliminado luego de nacer.
- Los bebés que toman pecho padecen menos estreñimiento.
- Los bebés alimentados al pecho tienen menos caries y deformaciones dentales.
- La leche materna es de fácil digestión y se asimila más rápido.
- La leche materna no produce desechos y es un recurso renovable.
- Dar de mamar es fácil, la leche está siempre lista, a la temperatura justa y es segura.
- No existen los errores en la dosificación ni preparación de las tomas.
- No se contamina porque no hay manipulación de la misma.
- Dar el pecho ahorra tiempo. La madre no necesita comprar, medir y preparar la leche artificial, y no hay que calentar biberones en mitad de la noche.
- La lactancia tiene un efecto tranquilizador natural para los bebés, especialmente cuando ellos están cansados.
- Cuando el niño toma leche de su madre, produce una hormona llamada endorfina, la cual es calmante de cualquier dolor. Además el bebé experimenta una enorme seguridad al ser sostenido y abrazado por su madre.
Para la madre
- Favorece la recuperación de la madre en el postparto.
- Le ayuda a recuperar su figura más rápidamente. El proceso de amamantamiento requiere más calorías y le será más fácil perder los kilos ganados durante el embarazo.
- Le proporciona más tiempo para dormir y descansar porque no tiene que preparar mamaderas y el bebé que no debe esperar llorando su mamadera.
- Al succionar, el niño hace que la madre produzca ciertas hormonas las cuales hacen que el útero se contraiga. Esto controla la hemorragia después del parto, haciendo que el útero se achique.
- Posteriormente se ha visto que las madres que dan leche a sus hijos recuperan el tamaño del útero pre- embarazo, más rápidamente.
- Protege a las madres de tener anemia ya que mientras dure la lactancia exclusiva, generalmente no se produce la menstruación.
- Si la lactancia materna es exclusiva generalmente ayuda a espaciar los embarazos.
- Disminuye el riesgo de cáncer de ovario y de mama.
- Para una madre, la lactancia es un factor que aumenta la autoestima.
Cuidados básicos
La preparación para la lactancia es conveniente comenzarla antes de que nazca el bebé. La futura mamá debe tener ciertos cuidados para asegurar que sus pechos se adapten de la mejor manera al proceso de amamantamiento.
Es recomendable que un mes antes del parto empiece a masajear sus pechos con una esponja o cepillo suave. Esto ayuda a que la piel se acostumbre al roce y el desgaste diario al que será sometida durante la lactancia.
Para dar el pecho a su bebé, la madre debe lavar bien los pezones con una gasa antes y después de cada toma. Estos cuidados previenen la aparición de grietas y otras complicaciones como la mastitis, una infección que debe ser tratada por el médico normalmente con antibióticos.
También es recomendable utilizar corpiños especiales de amamantamiento, que son prácticos para dar el pecho y ayudan a sostener el peso de las mamas evitando la formación de estrías.
Más consejos prácticos
- Buscar un lugar tranquilo y ameno para amamantar.
- Utilizar una silla cómoda que permita apoyar la espalda y los brazos.
- Escuchar música relajante y beber alguna bebida nutritiva.
- Colocar al bebé enfrente del pecho y asegurarse de que mama correctamente.
- Disfrutar de ese momento de intimidad y acercamiento con el bebé.
Es fundamental: abandonar el hábito de fumar, evitar las bebidas alcohólicas y no automedicarse, ya que pueden interferir con la bajada de la leche, y también pueden afectar al bebé a través de ella.
