La alimentación es uno de los pilares del tratamiento de la diabetes conjuntamente con el ejercicio físico, la educación terapéutica y el tratamiento farmacológico. La regla básica es que la glucemia aumenta por los alimentos y disminuye por el ejercicio y la insulina o hipoglucemiantes orales (medicamentos que reducen la glucemia, indicados por el Médico especialista).
El control de la Diabetes es un constante balance de estos elementos, y para que ello se pueda lograr eficientemente es necesaria la educación diabetológica. Si no se establece este balance existirá el riesgo de que suceda una de las dos emergencias en diabetes, que son: hipoglucemia (bajos niveles de glucosa o azúcar en sangre) o hiperglucemia (aumento de los niveles de glucemia). Si los niveles de azúcar se mantienen muy elevados por un período de tiempo puede aparecer otra situación peligrosa: la cetoacidosis, situación generada por la acumulación en sangre de cetonas, debido a la utilización de grasas para la producción de energía, ante la imposibilidad del organismo de usar la glucosa. Si no se controla el nivel elevado de glucosa y esto se prolonga por años, pueden aparecen las complicaciones crónicas asociadas con Diabetes (problemas renales, pie diabético, etc.)
La Diabetes debe considerarse una “condición de vida” antes que una enfermedad, ya que las personas diabéticas deben adoptar un estilo de vida específico, hábitos alimentarios apropiados y los cuidados necesarios en todo momento para así poder mantenerse saludables. Deben saber cómo manejar todos estos aspectos de la manera más efectiva para lograr los mejores resultados en su control. Todo esto es posible a partir de una adecuada educación diabetológica: una persona con diabetes que se preocupe día a día por aprender cada vez más sobre esta condición de vida podrá tomar las mejores decisiones de lo que debe hacer en todo momento sabrá a qué estar atento para evitar problemas o situaciones que puedan comprometer su calidad de vida. La educación alimentaria le permitirá conocer cuándo, cuánto, con qué frecuencia consumir los alimentos y cómo combinarlos, como así también realizar ajustes según sus necesidades y/ o situaciones especiales.
El proceso educativo debe ser continuo e integral; puede desarrollarse mediante: ciclos de charlas y talleres educativos dictados por profesionales especialistas en instituciones de salud (sanatorios, hospitales, etc.) o asociaciones de pacientes diabéticos, en la consulta con los profesionales de manera individual, en grupos de apoyo con personas diabéticas, con libros, folletos, revistas, películas y páginas web dedicadas a la Diabetes.
La alimentación del diabético debe ser variada e incluir todos los alimentos de consumo habitual, organizados según las características del individuo. Será planeada y monitoreada por un especialista en nutrición (Lic. en Nutrición o Médico Diabetólogo) luego de una cuidadosa evaluación que incluye, además del peso corporal, la estatura y la edad, los exámenes de laboratorio y los hábitos alimentarios del individuo. El plan de alimentación se adecuará a sus características, gustos y necesidades para facilitar la adopción de hábitos que deberán acompañar a la persona diabética toda la vida. La consulta con especialistas es imprescindible para aprender a detectar y manejar complicaciones como hipoglucemias o hiperglucemias, al igual que situaciones cotidianas como un viaje, fiestas, etc.
La falta o mal aprovechamiento de la insulina genera una alteración del metabolismo de todos los nutrientes; por lo tanto, una persona diabética deberá cuidar todos los componentes de su alimentación, no solo hidratos de carbono complejos (almidones) y simples (azúcares) sino también proteínas y grasas.
Se deben incluir alimentos de todos los grupos: cereales y legumbres, hortalizas y frutas, lácteos, huevos y carnes. Es importante que las comidas resulten variadas, atractivas y sabrosas para evitar la monotonía. Los alimentos ricos en almidones (pastas, pan, papas, etc.) pueden ser consumidos teniendo en cuenta cantidad y horarios de consumo, ya que el control glucémico depende más de la cantidad total que del origen de los hidratos de carbono consumidos.
A través de una alimentación adecuada el paciente diabético podrá mantener un peso saludable, controlar la glucemia y los lípidos sanguíneos (colesterol y triglicéridos) y, a largo plazo, retrasar o ayudar a prevenir las complicaciones de la diabetes. Debe planearse de acuerdo con el tratamiento médico, ya sea insulina o hipoglucemiantes orales, y con la práctica de actividad física, para obtener un adecuado control de la glucemia y el mantenimiento de la salud en general.
Recomendaciones generales para una alimentación saludable:
* Realizar una alimentación variada:
- Fraccionada en 4 a 6 comidas (según el tratamiento con insulina y/ o hipoglucemiantes orales).
- Respetar las cantidades de cada alimento, para lograr un mejor control glucémico.
* Controlar la cantidad de hidratos de carbono, el Nutricionista indicará la cantidad y el momento apropiado para incluirlos.
- Simples: azúcar, miel, mermeladas, bebidas azucaradas, golosinas, chocolates.
- Complejos o almidones: panes y galletitas, pastas, cereales (arroz, avena, maíz, trigo), papa, batata, choclo, legumbres, banana, uva, higo.
* Preferir y aumentar los alimentos ricos en fibra:
- Verduras, frutas, legumbres, frutas secas, cereales integrales.
- Incluir verduras todos los días en almuerzo y cena, crudas o cocidas.
* Reducir el consumo de grasas saturadas, trans y colesterol, para prevenir enfermedad cardiovascular
- Consumir carnes magras, retirando la grasa visible y la piel en el pollo.
- Evitar fiambres y embutidos.
- Utilizar lácteos descremados o parcialmente descremados.
- Evitar o reducir el uso de margarina, manteca, mayonesa, etc. Consultar al Nutricionista sobre el uso de sus versiones light.
* Aumentar el consumo de grasa insaturada
- Utilizar aceite como condimento, evitar frituras y salteados.
- Consumir pescado 1 o 2 veces por semana.
